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¿Cuál es la historia del gato persa?

El delicado y suave gato persa es  una de las razas más populares y apreciadas en lo que se refiere a compartir la vida con un felino, y esto se debe a su buen comportamiento, su apariencia y su gran adaptabilidad a la vida familiar.

Su origen se remonta al lejano Oriente, y su aspecto actual proviene de su hibridación con el gato de Pallas (Italia)  hacia el año 1620. Se hizo muy popular con la aristocracia del siglo XIX que adoraba los gatos de pelo largo y de aspecto elegante y distinguido.

Al ser una de las razas más antiguas que se conocen, también es de las que más historia tiene en la convivencia con los humanos, adaptándose muy bien a su compañía. Acepta bien la vida interior en un piso o apartamento.

Es un felino que destaca por su largo y frondoso pelaje, con un manto interior muy denso, aunque no todos ellos tienen el pelo largo.

El puente de la nariz, la cabeza redonda y ancha y las redondas orejas son rasgos muy característicos de su cara, ya que todos estos elementos conforman una expresión facial muy particular. Su frente es redonda y los pómulos son fuertes y prominentes. Su hocico es corto y el mentón, lleno y fuerte, sus ojos son muy grandes y redondos, muy abiertos y separados y de un color brillante e intenso. La nariz suele encontrarse a la misma altura de los ojos y suele ser muy chata, un rasgo muy característico de esta raza.

En cuanto a su colorido, es muy variado, presentándose  incluso en tonalidades bicolor o tricolor.

El cuerpo del persa es musculoso y redondo y sus patas son más bien cortas. Su cola es peluda y redondeada en el extremo y su pelo es sedoso y se le cae en abundancia.

Es un gato muy elegante y dócil, adaptable, cariñoso, tranquilo y precioso, que se adapta muy bien a la vida familiar y que necesita una especial atención con el cepillado de su manto, para ayudarle a retirar los restos de pelaje muerto, y evitar su ingesta y posterior formación de bolas de pelo en el estómago.

La esperanza de vida de los gatos persa es de unos 13 años y les encantan los mimos, aunque no solicitan una atención continuada. Son tranquilos, poco activos, poco maulladores y son perezosos. Disfrutan encontrando pequeños rincones y recovecos para dormir durante largos ratos.

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